Historia Natural de la Tierra Media: Centinelas

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En el muro occidental de Mordor existía un estrecho desfiladero llamado Cirith Ungol, durante la Tercera Edad del Sol vivía Ella-Laraña. También había una atalaya orca con una gran muralla, que controlaba el camino, por si alguien lograba escapar a Ella-Laraña, la terrible guardiana.

En el muro de la torre había dos enormes puestos de guardia que parecían no tener puerta. Pero existía una que, aunque invisible, era muy recia. Los enormes puestos de guardia recibían el nombre de Centinelas y cada uno consistía en una estatua de piedra sentada en un trono. Las estatuas poseían tres rostros y tres cuerpos, sus cabezas eran parecidas a las de los buitres y tenían garras como las de los animales. Estaban llenas de maldad y sus ojos negros resplandecían con una terrible voluntad porque en estas estatuas de piedra habitaban espíritus.

Percibían a los enemigos, tanto visibles como invisibles, y cerraban el paso con su odio. Si un ejercito intentaba forzar la puerta, no podía pasar por la fuerza de las armas; tan sólo con una voluntad más poderosa que la maldad de los Centinelas podía forzarse el paso. Y, si se invocaba una voluntad de ese calibre, entonces los Centinelas daban la alarma desde sus seis rostros de buitres, lanzando un estridente alarido que hacía caer a los soldados orcos sobre los intrusos.

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