Howard Shore, creador musical de la Tierra Media

Howard Leslie Shore nacido en Toronto (Canadá) en 1946, en el seno de una familia judía sin inclinaciones por las artes o la música, a pesar de lo cual, empezó a interesarse por su vocación musical a una edad muy temprana. A los 9 años ya estaba aprendiendo a tocar instrumentos.  Entró a estudiar en el Berklee College of Music de Boston, después de acabar en el instituto. Allí conoció a Lorne Michaels, futuro productor de televisión y creador del Saturday Night Live, que sería quien le introduciría en el medio como compositor.

Antes, se enroló en un grupo de jazz fusión llamado Lighthouse (como saxofonista). En 1970, Lorne Michaels consiguió lanzar un programa de variedades para la cadena canadiense CBC, y para el cual necesitaba a un director musical que compusiera las distintas piezas para las secciones y sketches del programa. Su viejo colega del instituto fue el elegido, y Shore empezó así una carrera televisiva que le llevaría a cruzar la frontera de la mano de Michaels, y aterrizar en EEUU en 1975.

En 1978 decidió participar en una pequeña película titulada "I Miss You, Hugs and Kisses", que no tuvo apenas repercusión, pero que le sirvió para vivir la experiencia de ponerse a las órdenes de un cineasta y adaptarse a un guión dramático. En esos días un joven director canadiense se encontraba luchando por levantar su quinta película, y empezar a afianzar así una incipiente carrera en la que se mostraban rasgos de originalidad que darían mucho que hablar en años posteriores. Ese director no era otro que David Cronenberg, y en su búsqueda por encontrar a los mejores colaboradores para Cromosoma 3 (The Brood (1979)) se acercó a su compatriota que triunfaba en la televisión estadounidense.

Ambos conectaron de inmediato, y aunque era la segunda incursión de Shore en el cine, Cronenberg le dio su total confianza y libertad para componer. La película fue un éxito, la banda sonora se adaptó perfectamente al tono oscuro y turbio del argumento, y así nació una de las asociaciones más duraderas entre director y músico, que aún continúa casi 40 años después.

Viéndose cada vez más atraído por el medio cinematográfico, el músico rescindió su contrato con la NBC en 1980 y decidió dedicarse plenamente al cine. Participó en las siguientes y exitosas películas de su compatriota, Scanners (81) y Videodrome (83), entre otras.

La Mosca (1986)

En 1986 aterrizaba en los cines un remake de una cinta de terror de culto nacida treinta años atrás: La Mosca (The Fly). Shore contribuyó decisivamente (junto con todo el maquillaje y los efectos) a transmitir el terror y la angustia del proceso, con melodías asfixiantes y oscuras, pero también al estado de dolor y desazón por el que pasa el protagonista. Tanto la película como la banda sonora fueron ampliamente aplaudidas, logrando que director y compositor aumentaran su popularidad.

Big (1988)

Howard Shore aprovechó para probar en otros géneros diferentes a la ciencia-ficción oscura y desoladora de su amigo Cronenberg. Por ello, en los siguientes años participó en comedias como Moving (88), She-Devil (89) y especialmente Big (88). Aquí Shore se mostró su parte más sentimental y capaz de retratar la infancia con bellas melodías, así como con partes más dinámicas para marcar el ritmo de la acción y la comedia. Una partitura para dejar patente la versatilidad y el talento innato del compositor.

El Silencio de los Corderos ( 1991)

Pero Shore estaba cerca de subir un poco más en el escalafón del panorama musical cinematográfico gracias a un proyecto en el que aceptó trabajar debido a lo atractivo de su premisa. Se trataba de la adaptación de un best-seller policíaco y psicológico, escrito por Thomas Harris, era “El Silencio de los Corderos”, del director Jonathan Demme. El compositor consiguió crear una atmósfera que afecta a los personajes, cuya psicología, dudas y miedos tienen su reflejo en las notas oscuras y densas que el compositor aplica con presteza en los momentos perfectos de la película.

El rotundo triunfo de El Silencio de los Corderos bastó para que Shore fuera, esta vez sí, conocido y reconocido entre cinéfilos y amantes de las bandas sonoras, marcándolo a partir de ahí como un compositor siempre a tener en cuenta.

Señora Doubfire, papá de por vida (1993)

Los 90 empezaban así con enormes expectativas para Shore, con numerosas ofertas de películas de toda clase de géneros, proyectos de primera línea y con los mejores directores al frente. Así, la década se inició con los habituales trabajos con Cronenberg, además de cintas de intriga y de comedia com la Sra. Doubtfire, papá de por vida del año 1993, del director Chris Columbus.

Philadelphia (1993)

Como dijimos antes, a Shore siempre le ha gustado repetir con aquellos directores con quienes mejor se ha compenetrado. Así, repitió con Demme en Philadelphia el mismo año 1993, otro éxito, que mostró al Shore más lírico, sensible y sentimental.

Seven (1995)

Un año después, la habilidad de Shore para recrear el suspense y las atmósferas densas, opresivas y oscuras le pusieron en el camino de un joven director que venía de un turbulento rodaje en su ópera prima. Su nombre era David Fincher, y para quitarse el mal sabor de boca de Alien 3 (1992) estaba preparando una película sobre dos detectives en busca de un asesino en serie. Se7en (1995) fue un triunfo totalmente inesperado que cautivó a crítica y público, y de nuevo, Shore contribuyó eficaz y notablemente a la calidad de la película, con una banda sonora marca de la casa, atmosférica, opresiva y que envolvía a los dos protagonistas en la negrura y el fatalismo tal y como hace la lluvia en muchas de las secuencias.

El resto de los 90 supondrían un incesante ritmo para el compositor, que participaría en thrillers altamente valorados como Cop Land (1997) o The Score (2001) y la Celda (2000), volvería a la comedia con Dogma (1999), y High Fidelity (2000), y por supuesto no se perdería las citas de su amigo Cronenberg con el cine de cada pocos años, en este caso con ExistenZ (1999).

Desde finales de los 90, el cineasta Peter Jackson, su mujer, la guionista Fran Walsh, y la productora Philippa Boyens, se lanzaron a la ardua y laboriosísima tarea de levantar el monumental proyecto de llevar el inmortal libro de Tolkien “El Señor de los Anillos” al cine, con los mejores cimientos posibles y todo ello en su país natal, Nueva Zelanda.

Jackson sabía que uno de los pilares decisivos para lograr triunfar en su complicado objetivo era la música. Principalmente porque necesitaba el talento de un músico que pudiera transportar tanto a los personajes como al espectador a un mundo nunca antes visto, a unos paisajes y unos escenarios fantásticos, los de la Tierra Media, que debían quedar marcados a fuego en la memoria. Y, al mismo tiempo y por si fuera poco, también debía contar con la habilidad de narrar, de retratar musicalmente y dotar de vida y profundidad a personajes como Frodo, Aragorn, Gandalf, Legolas o Bilbo, personajes que han capturado la imaginación de generaciones enteras de lectores durante décadas. Jackson decidió jugársela con alguien que no tenía ninguna experiencia ni en superproducciones fantásticas ni en películas de este género, pero que poseía el talento suficiente como para componer una música a la altura de los mejores. Alguien como Shore.

El compositor, antes de aceptar, visitó al trío creativo en Nueva Zelanda, y vio las primeras fases de la preproducción de la película, comprendiendo que iban absolutamente en serio en la recreación fastuosa y minuciosa del universo de Tolkien. Sabiendo lo gigante de la empresa, Shore aceptó y se dedicó en cuerpo y alma durante todo el año 2000 y parte del 2001 a investigar y componer con todo detallismo la música de un mundo nuevo y fantástico.

Trabajó a todos los niveles: leitmotifs para personajes, músicas distintas para cada raza que apareciera en la película, melodías intensas para la acción y, en general, coros y voces para acentuar toda la gama de sensaciones que cada secuencia y cada territorio de la Tierra Media podían transmitir: amenaza y terror de los orcos y los trasgos, magia y belleza sobrenatural en los elfos, sencillez y apacibilidad en los hobbits... y por supuesto, el heroísmo y la valentía de la Compañía del Anillo. Compuso una ingente cantidad de música, y Jackson tuvo la suficiente habilidad para aprovecharla casi en su totalidad, sabiendo que cada momento y cada escena se engrandecía y se profundizaba gracias a la banda sonora de Shore, quien también se encargó de otra parte musical importante en el relato de Tolkien, como eran las canciones, para las que compuso la música que adaptaría las letras en élfico. El resto, como suele decirse, es historia (del cine y de las bandas sonoras).

El Señor de los Anillos: la comunidad del Anillo (2001)

Hubo un antes y un después tanto para Jackson como para Shore y hasta para el propio cine fantástico tras el estreno de El Señor de los Anillos: la Comunidad del Anillo en 2001. El Oscar que ganó fue un premio justo tanto a la maestría como a su maravillosa capacidad de crear ambientes únicos solo con su batuta. Pero el mejor premio que pudo llevarse aquel inolvidable año fue el ingreso en el más prestigioso club en el que cualquier compositor de cine puede afiliarse: el de la memoria de los aficionados y público en general de una y dos generaciones enteras, que reconocerán para siempre las melodías de la Tierra Media con solo silbarlas.

Panic Room (2001), Gangs of New York (2002)

La década de los 2000 no puedo empezar mejor para Shore: premios, reconocimientos, fama y ascensor directo y sin paradas al estrellato de los compositores más renombrados. La osadía de Jackson en rodar durante un año entero las tres partes del enorme libro de forma secuencial (y los estrenos de las dos restantes películas en los dos sucesivos años) hacía que Shore tuviera que regresar forzosamente a la Tierra Media, y los aficionados, a emocionarse con ello. Pero a pesar de la fama, el compositor seguía siendo fiel a los directores con los que había trabajado antes del gran bombazo, y por eso el año 2002 fue, quizá, el más intenso de toda su carrera. Cronenberg le esperaba para su película Spider (02), y Fincher hacía lo propio con Panic Room (01). Por si fuera poco, Scorsese había decidido prescindir de la música compuesta por Elmer Bernstein para su colosal proyecto de Gangs of New York (02), y pidió ayuda a Shore en forma de varias piezas musicales.

El Señor de los Anillos: las dos Torres (2002)

La gran estrella del año 2002 volvía a ser, por supuesto, El Señor de los Anillos: Las dos Torres, que fue aun más espectacular, aun más lírica, aún más profunda y aun más perfecta, si cabe, que su predecesora. Nuevas melodías para los nuevos territorios de los hombres, y nuevas composiciones con idéntica maestría para ahondar en las evoluciones personales de los protagonistas.

El Señor de los Anillos: el Retorno del Rey (2003)

Cuando se estreno “El Señor de los Anillos: El retorno del Rey" en el 2003, las expectativas estaban por la estratosfera, todo el mundo se moría de ganas tanto de ver la película como de escuchar la música de Shore... que no decepcionó en absoluto. Tan majestuoso, impresionante y apabullante como las anteriores dos bandas sonoras, pero en ésta el lirismo y los sentimientos estaban en primer plano, con momentos donde la música recorría toda la gama de emociones por las que pasan los personajes, desde el miedo, la valentía, la duda o el heroísmo final. Todo para terminar con un epílogo revestido de tristeza y nostalgia en el que la música de Shore se embarca, como parte de los personajes, en un navío hacia la leyenda y la inmortalidad totales. La música de estas tres películas sigue allí, en el panteón de lo intocable, y aunque Shore regresaría otra vez a la Tierra Media, lo hizo de otra manera y con otra apariencia, pero la música de "El Señor de los Anillos" siempre le precederá y permanecerá inmutable e inalterada.

The Aviator (2004)

Once Oscars se llevo la tercera entrega del Señor de los Anillos, uno de ellos para Shore, fueron la traca final de una fiesta que nadie quería que terminara... pero terminó. Y Shore volvió a su agenda habitual de trabajos para los mejores directores y los proyectos más atrayentes. Scorsese decidió seguir contando con sus servicios, cosa rara en el director, ya que siempre ha preferido aplicar (magistralmente) canciones y música ya compuesta para ambientar y narrar escenas, más que optar por música original compuesta para la ocasión. Pero para su siguiente proyecto, The Aviator (04), Scorsese quería música para narrar la peculiar historia del magnate Howard Hughes, y Shore se aplicó con una partitura intensa, enfática y que retrataba la complicada personalidad del protagonista.

En 2005  se unió al nuevo proyecto de Peter Jackson, nada menos que una nueva versión de King Kong. Pero a pesar de trabajar durante tanto tiempo en su anterior proyecto, Jackson y Shore tuvieron dudas y encontronazos acerca del enfoque de la composición y las diferencias creativas hicieron que el compositor dejara el proyecto, de forma "amistosa", solo siete semanas antes del estreno. James Newton Howard recogería el testigo y la tarea de ponerle música al remake.

Eclipse; Saga Crepúsculo (2010)

Shore, mientras, seguía escogiendo cuidadosamente cada nuevo trabajo, anteponiendo siempre a sus directores de cabecera, pero aceptando retos y desafíos en forma de argumentos diferentes y originales. Ya en 2010 decidió enrolarse en una de las sagas más exitosas del momento: Eclipse de la Saga Crepúsculo recogía el testigo de Alexandre Desplat, y contribuía eficazmente a la historia de vampiros románticos y adolescentes con una partitura de altos quilates, donde lo romántico y lo terrorífico se fundían con elegancia y maestría.

 

La Invenció de Hugo (2011)

Tras reemplazar con prisas (a pesar de lo cual hizo un meritorio trabajo) a John Corigliano en “Al Límite” (10), volvía de nuevo a sus puntuales y celebradas colaboraciones con Cronenberg y Scorsese, en las películas que ambos estrenaban en 2011. Por un lado, “Un método peligroso” fue un ejercicio introspectivo y ambiental (más que psicológico, algo curiosamente extraño en la larga colaboración entre ambos) donde Shore ejercía de pintor y retratista en la historia y encuentros entre Freud y Jung. Y por el otro, en “La Invención de Hugo” el compositor regresaba al mundo de la fantasía de la mano de la nostalgia y de la instrumentación netamente francesa, dada la ambientación de la película en el París de principios del siglo XX. Shore empleó melodías bellas y evocadoras para narrar las correrías de Hugo y sus encuentros con cierto personaje, en lo que no era sino un canto de amor al cine y a sus orígenes por parte de Scorsese. Todo ello con una solidez y un maravilloso sentido de la narración por parte de Shore que le llevaron a obtener nominaciones al Oscar, al Globo de Oro y al Bafta por esta música.

Shore recibió la llamada de un viejo conocido para que volviera a colaborar con él a pesar de las diferencias en su anterior proyecto juntos. Peter Jackson volvía a la Tierra Media.

El Hobbit: un viaje inesperado (2012)

El monstruoso éxito de El Señor de los Anillos provocó que prácticamente cada fan de Tolkien se preguntara cuándo se pondría Jackson a adaptar el resto de libros del autor ambientados en el mismo universo. Sólo era cuestión de tiempo que la adaptación de The Hobbit se pusiera en marcha... pero el proceso fue largo y más complicado de lo planeado. Quiebras de la MGM, el estudio que iba a financiar la película, la marcha de Guillermo del Toro, que era el director designado para llevar la adaptación a buen puerto... todo fueron problemas hasta que Jackson decidió ponerse él mismo al frente del proyecto. Su primera decisión fue polémica: al principio anunció que haría dos películas sobre The Hobbit, un libro solamente de 300 páginas, nada que ver con la inmensidad de El Señor de los Anillos, pero luego rectificó y anunció nada menos que una trilogía entera, en la que aprovecharía anexos y textos de Tolkien aparte del propio libro. La primera parte, The Hobbit: un viaje inesperado, se anunció para 2012, y a pesar de lo ocurrido con King Kong, Jackson sabía que debía llamar de nuevo a Shore, porque de otra manera su regreso a la Tierra Media sería incompleto. Y como "precuela" a los hechos narrados en la anterior adaptación, era innegociable que fuera Shore quien uniera musicalmente ambos volúmenes.

Cosmopolis (2012)

Durante los años en los que sucesivamente se iban estrenando las entregas de la adaptación de Tolkien, Shore no descuidó su férrea y sólida amistad con Cronenberg, y no faltó a su cita con el director canadiense en sus últimos títulos, Cosmopolis (12) y Maps to the Stars (14), que no fueron de sus mejores trabajos o de las partituras más alabadas de la asociación entre ambos, pero que son una muesca más en una sociedad inalterable y que no tiene visos de acabar.

El Hobbit: la desolación de Smaug (2013) y El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (2014)

El Hobbit: un viaje inesperado, El Hobbit: la desolación de Smaug y El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos fueron, de este modo, las películas que narraron de forma prolija y apabullante la historia de Bilbo Bolsón muchas décadas antes que decidiera regalar su anillo a su sobrino Frodo. Y Shore nos guió en este regreso con su sentido de la maravilla y su talento para las atmósferas absolutamente intactos. La música es diferente a la de la anterior trilogía, pero no en estilo, sino en contenido y en intenciones, y ahí radica su valor y su importancia. Es música que funciona y maravilla a varios niveles. Por un lado narra con la misma sensibilidad, grandeza y majestuosidad de costumbre la epopeya de Bilbo y sus compañeros enanos a lo largo de las tres películas, pero por el otro el pentagrama y los compases se sienten y se notan pertenecientes totalmente al mismo universo que el de las anteriores películas de Jackson. Sabemos, solo con escuchar la música y verla con las imágenes, que hemos vuelto a la Tierra Media, que estamos en las mismas coordenadas de la fantasía y la magia a las que Jackson y Shore nos llevaron diez años atrás.

Spotlight (2015)

Shore, en estos últimos años, sigue machaconamente fiel a su ritmo de siempre y entre medias, películas grandes, medianas o pequeñas que le estimulen y le interesen. Como por ejemplo, Spotlight dirigida por Tom McCarthy, la triunfadora en los últimos Oscars.

Trabaje donde trabaje, sus nuevas partituras siempre atraerán la atención y su experiencia y su talento le garantizan para el resto de su carrera incontables trabajos y el respeto de toda la comunidad cinematográfica. Shore siempre permanecerá irremediable e inolvidablemente en el recuerdo como el músico que nos acompañó en las aventuras de Frodo y sus compañeros, pero un breve vistazo a su filmografía y a sus logros revelan que es más, mucho más, que eso. Un auténtico maestro de la música de cine.

Programas +QCine de Howard Shore

Howard Shore - Programa 1 de 3 - Fecha: 14/12/2017 - Programa: 347

Howard Shore - Programa 2 de 3 - Fecha: 11/01/2018 - Programa: 349

Howard Shore - Programa 3 de 3 - Fecha: 18/01/2018 - Programa: 350

diciembre 15, 2017

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