ESPARTACO, una obra maestra de Kirk Douglas en +QCine

El programa de radio +QCine presenta un especial sobre la gran obra maestra del cine de romanos, Espartaco donde tenemos a uno de los mejores actores de la historia del cine, me refiero al gran Kirk Douglas. Debido al fallecimiento hace pocas semanas a la edad de 103 años de este gran mito del cine, aprovecharemos para hablar no solo de esta obra maestra, sino también de Kirk Douglas.

Como avance, presentamos este especial que servirá de referencia a todos aquellos que aman el cine clásico y además no podemos olvidar que esta gran película fue dirigida por Stanley Kubrick y ante la atenta mirada del actor y productor Kirk Douglas, que levantó este proyecto y lo convirtió en una obra maestra.

MUERE UN MITO DEL CINE

Espartaco, dirigida por Stanley Kubrick, celebra su sexagésimo aniversario o lo que es lo mismo 60 años desde su estreno. Además, tenemos dos motivos para traer esta maravillosa cinta. Y es el reciente fallecimiento de su protagonista Kirk Douglas, concretamente el 6 de febrero pasado, a la edad de 103 años, en Beverly Hills (California). La noticia fue confirmada por su hijo, Michael Douglas.

Espartaco, destacó por ser una variante distinta del cine “de romanos”. El filme de Stanley Kubrick se adelantó a su tiempo y, como Cleopatra tres años más tarde, demostró que se podía hacer cine de gran espectáculo sin renunciar al cine de autor. Pese a sus dimensiones épicas y fastos espectaculares, Espartaco articula un discurso sincero y valiente que le sitúa más allá del típico y tópico cine colosal.

Planteada como un reflexión sobre el poder y como una exaltación del héroe individual, la odisea del esclavo que se sublevó contra el poder de Roma se presenta como una película, cuanto menos, insólita en relación a otros filmes similares de la época. Kubrick penetró con su afilado bisturí en las entrañas del «peplum«, y con un lenguaje moderno, directo y convincente, realizó una obra impecable, llena de fuerza y con momentos realmente emocionantes.

HOWARD FAST, EL ORIGEN DE ESPARTACO

Los orígenes de Espartaco se remontan a la novela homónima de Howard Fast, publicada en 1951 tras sortear un sinfín de imponderables. El escritor estaba incluido en todas las “listas negras” por su antigua militancia comunista, circunstancia que automáticamente le dejaba fuera de los círculos culturales norteamericanos. Ante la imposibilidad de encontrar una editorial que se decidiera a publicar Spartacus, Fast se vio obligado a reunir un pequeño capital para financiar su edición.

Pero la alargada mano del senador McCarthy, responsable de la célebre «caza de brujas«, impidió que el libro pudiera venderse a través de los canales habituales de distribución, teniendo que recurrir su autor a la suscripción popular. Pese a estos avatares, el éxito acompañó desde el primer momento a la novela, convertida con el paso de los años en un pequeño clásico.

EL PROYECTO DE ACTOR/PRODUCTOR KIRK DOUGLAS

En 1958, Kirk Douglas inició los pasos para llevar al cine la obra de Howard Fast, un proyecto en el que llevaba trabajando desde que en 1955 fundara su propia productora cinematográfica –Bryna Productions-. La Universal se comprometió a financiar parte del proyecto y el actor aportó la cantidad restante, hasta completar la nada despreciable suma de doce millones de dólares.

Kirk Douglas fue el alma de esta producción, candidato en tres ocasiones a un Premio Óscar de la Academia, aunque nunca lo ganó, debido a sus tendencias políticas; sin embargo, ya lo comentaremos después, recibió un Oscar honorífico, por sus 50 años de dedicación a la industria del cine.​

KIRK DOUGLAS UNA CARRERA IMPRESIONANTE

Muchas películas en las que trabajó fueron épicas. Aparte de Espartaco otra de sus famosas actuaciones y por la que fue candidato al Mejor Actor por tercera vez fue en El loco del pelo rojo, donde caracterizó al pintor Vincent Van Gogh, al lado de Anthony Quinn, quien sí ganó la estatuilla, como Mejor Actor Secundario, por unos pocos minutos de actuación.

Dio a cada uno de sus filmes una marca distintiva, por la fuerza de sus interpretaciones, y un renombre. Se decía de él que daba lo mejor de sí en papeles que requiriesen un temperamento fuerte o una poderosa presencia, y que, en actuaciones más simples, su trabajo resultaba forzado. Además, codirigió varias películas y sostuvo un singular pleito con Stanley Kubrick por la producción de algunas de sus películas, lo que le restó fuerza en Hollywood y de hecho le sesgó en todas las nominaciones a premios.

Intervino tanto en comedias como en dramas y encarnó a personajes duros pero de fondo muy vulnerable: El ídolo de barro (M. Robson, 1949), Brigada 21 (W. Wyler, 1951), Cautivos del mal (V. Minnelli, 1952), Otra ciudad, otra ley (J. Kanew, 1986), Oscar (J. Landis, 1991), Diamonds (1999). Participó en numerosas producciones para televisión, y en 1988 publicó su autobiografía, El hijo del trapero.

En 1996, la Academia le concedió el premio Óscar honorífico, en recuerdo del cincuenta aniversario de su debut en la gran pantalla. Douglas recibió el galardón de manos de Steven Spielberg. Douglas, que apenas podía hablar, dijo: «Veo a mis cuatro hijos. Están orgullosos del viejo hombre. Yo también estoy orgulloso. Orgulloso de haber sido parte de Hollywood durante cincuenta años».

EL COMIENZO DE SUS PROBLEMAS DE SALUD

Fue uno de los actores más longevos de Hollywood. El 13 de febrero de 1991, sobrevivió a un accidente en helicóptero en el aeropuerto de Santa Paula (California), al chocar con una avioneta, accidente en el que fallecieron dos personas. En 1994, le sobrevino una trombosis leve que le provocó graves problemas psicomotores (pequeña paraplejia). En 1996, sufrió una apoplejía que le privó del habla y le dejó prácticamente paralizado.  A pesar de ello, fue frecuente verlo junto a su hijo Michael Douglas en algunos eventos del medio.

UNA VIDA DE PREMIOS

En 1981, el presidente estadounidense Jimmy Carter le impuso la Medalla Presidencial de la Libertad, por «trabajar como emperador de buena voluntad» y «compartir con otros pueblos su amor por el cine y por su patria».​ En 1982, Douglas, centrado en su labor social, prestó declaración ante el Congreso para informar sobre conductas discriminatorias y maltrato a ancianos, tema sobre el que había escrito un editorial en el New York Times. Ese mismo año fue invitado por Muhammad Zia-ul-Haq, presidente de Pakistán, a visitar hospitales de la Cruz Roja y campos de refugiados afganos.

Y en 1983, ganó el Premio Jefferson por sus servicios a la comunidad, y en 1986, mientras presentaba los actos del centenario de la Estatua de la Libertad, fue galardonado con la Medalla de Honor de la Isla de Ellis, por «alcanzar el éxito sin dejar de defender los valores de su minoría». La Academia Estadounidense de Arte Dramático le galardonó con un premio en el que puede leerse: «Su talento empieza en la planta de sus pies y acaba en un espíritu que puede llegar más allá de las estrellas». Igualmente, en 1989, Douglas obtuvo el D. W. Griffith Career Achievement Award, y en 1991, el AFI Lifetime Achievement Award. Kirk Douglas fue también nombrado Caballero de la Legión de Honor en 1985, por sus servicios artísticos al país galo.

ESPARTACO, SU PELÍCULA MÁS PERSONAL Y UNA OBRA MAESTRA

La verdad, que este gran actor siempre recordado por su famoso mentón, tuvo una proyecto increible, que le llevó a protagonizar y producir una obra maestra por la cual será siempre recordado. Estamos hablando de Espartaco, la cual surgió como una película conflictiva y polémica. Basada en una novela de una autor tachado de comunista, escrita por una de las principales víctimas de la caza de brujas y dirigida por un joven cineasta que había tenido graves problemas de censura con su alegato antimilitarista Senderos de Gloria, la polémica estaba servida desde el comienzo. De los conflictos se encargaron el director y el guionista.

Para escribir el guión, Kirk Douglas contrató a Dalton Trumbo, también inmerso en la tristemente célebre caza de brujas, pero activo gracias a la utilización de numerosos pseudónimos. Trumbo había sido uno de los famosos “Diez de Hollywood” que se negaron en 1947 a revelar sus convicciones políticas y a facilitar nombres de presuntos izquierdistas al Comité de Actividades Antiamericanas, y desde entonces se vio obligado a trabajar bajo nombre falso o a dejar en el anonimato su labor.

STANLEY KUBRICK: EL DIRECTOR

La elección del director resultó algo más complicada. David Lean rechazó en primera instancia la dirección de la película, aduciendo a que no encajaba en su estilo, mientras que Kirk Douglas había pensado en Joseph L. Mankiewicz. Sin embargo, la Universal decidió que fuera Anthony Mann el encargado de dar la primera vuelta de manivela al rodaje, aunque por oscuras razones no desveladas hasta el momento, su labor se limitó a una única vuelta. La falta de acuerdo entre el director y el protagonista, en su doble faceta de actor y productor, provocó el despido del primero cuando sólo había transcurrido una semana de filmación. Según parece, el veterano cineasta recibió el cese con cierto alivio, previo pago de 75.000 dólares. Suya es únicamente la secuencia inicial de la cantera.

En ese momento entró en escena Stanley Kubrick, un joven y prometedor realizador que ya había dirigido a Kirk Douglas en Senderos de Gloria y que no dudó un momento en contestar afirmativamente a la llamada del actor. Kubrick no puso ninguna objeción al reparto, pero solicitó efectuar una serie de cambios en el guión.

KIRK DOUGLAS Y DALTON TRUMBO, UNIDOS PARA LA HISTORIA

Y de esta manera, éste se transformó en una bomba de relojería que estuvo a punto de dinamitar el rodaje. Trumbo veía a Espartaco como un símbolo de la pasión del hombre por la libertad, un hombre que se identifica con “el grito de libertad de la humanidad”. Kubrick, por su parte, suavizó la tendencia izquierdista del guionista y se mostró partidario de una concepción más visual del personaje. En estas circunstancias, cuando el director entregó el primer montaje del filme, Trumbo escribió un informe de más de 80 páginas en el que expresaba su absoluta disconformidad con las modificaciones realizadas en el guión.

Basta con leer el prefacio para hacerse una idea bastante exacta de cuál era su estado de ánimo:Nunca había tenido una reacción casi física a un corte tan impresionante de una película. Si yo no fuese brutalmente honesto en mis opiniones os defraudaría a todos. A pesar de todo, esa honestidad probablemente no obtendrá fruto alguno y me granjearé vuestra antipatía. Mejor que sea así a que no protestase con toda mi fuerza cada error cometido. Porque sólo si reconocemos nuestros errores y sacamos conclusiones creativas para el futuro, podremos confiar en que “Espartaco” salga tal y como se había pensado.”

La verdad es que estaba bastante cabreado… Tras ese informe, Kubrick accedió a terminar la película respetando el guión original, aunque los cortes efectuados a su trabajo -entre otros, la escena de seducción homosexual entre Oliver y Curtis – le llevaron a no reconocer Espartaco como una obra suya. A pesar de todo, el cineasta norteamericano consiguió dar realce y personalidad a un producto excelente, cuyos resultados difícilmente habrían sido los mismos de haber caído en otras manos.

UN RODAJE LARGO Y COMPLICADO

El rodaje finalizó en los últimos meses de 1959 y a principios de 1960 se procedió al montaje definitivo del filme. Kubrick ya se había desentendido totalmente del proyecto y la supervisión del mismo corrió a cargo de Kirk Douglas, el verdadero artífice de la cinta. El estreno final tuvo lugar en octubre de 1960. Galardonado con cuatro Oscars y avalado por una recaudación de casi veinte millones de dólares en los primeros años, el clamoroso triunfo de Espartaco demostró que el peplum y el cine de mensaje no tenían porqué ser incompatibles.

El guión llevó finalmente la firma de Dalton Trumbo -la primera vez desde 1945 que su firma aparecía en los créditos de un filme- y Kirk Douglas se apuntó el tanto de haber terminado con las aciagas listas negras, no en vano era el productor ejecutivo y la decisión había sido suya. Lo que el actor omitió -su egocentrismo era bien conocido – fue que previamente había solicitado el apoyo de Laurence Olivier, Peter Ustinov y Charles Laughton, quienes exigieron a la Universal que el nombre del guionista apareciera en la pantalla.

LAS CLAVES DE ESPARTACO

La película abarca satisfactoriamente los registros más diversos, desde el intimismo de las escenas de amor hasta la fuerza de las secuencias de masas. Así, brillan con luz propia la extraordinaria descripción de la vida en la escuela de los gladiadores de Capua, las agudas pinceladas sobre el paganismo romano, la ejemplar reconstrucción de la batalla de Silaro que acabó con la rebelión, a la que se ha comparado con la famosa secuencia de Alexander Necski, y, sobre todo, la descripción de dos formas de gobierno antagonistas que luchan por imponerse en Roma.

Craso -el personaje más logrado del filme- representa la arrogancia de una clase corrompida. Está convencido de la incuestionable superioridad de los patricios y de hay su odio hacía Graco, símbolo de la democracia y defensor de los derechos de la plebe. Sabe que desde su ascensión política a Espartaco y eso le asusta, porque su rebelión representa una incógnita para el futuro, un acontecimiento imprevisible y fuera de toda lógica. Orgulloso y conservador a ultranza, abofetea al líder de la sublevación y le condena a batirse a muerte cuando éste se niega a dirigirle la palabra -actitud incomprensible en un esclavo-:Es preciso responder, esclavo, cuando el primer cónsul de Roma habla.

Sólo encuentra una forma de vencerle, poseyendo a Variana, pero no quiere forzarla, desea que su entrega sea voluntaria para conseguir una victoria total. Graco, por su parte, pretende evitar futuras rebeliones, construyendo un orden social más justo. Representa dos actitudes diferentes ante la vida: Craso utiliza la violencia para cauterizar las heridas, Graco la compresión y el diálogo.

UNA GRAN PELÍCULA CON UN GRAN REPARTO

Espartaco es uno de los más sólidos filmes de “romanos” de todos los tiempos, y no sólo por su vibrante y emocionante mensaje político, sino por albergar algunos de los momentos más bellos de la historia del cine: el encuentro nocturno entre Espartaco y Varinia, la lucha a muerte del protagonista con el gladiador negro o la secuencia en que, uno tras otro, todos los esclavos afirman ser Espartaco para salvarle la vida. Son escenas que traspasan la pantalla y penetran con fuerza en la epidermis del espectador.

Un simple vistazo al reparto basta para catalogarlo como una de las principales bazas de la cinta. Las geniales composiciones sobreactuadas de Charles Laughton y, en menor medida, de Kirk Douglas, la distinción de Jean Simmons -¡que gran actriz!- y la sobria y matizada caracterización de Laurence Olivier, constituyen un recital interpretativo de primera magnitud.

ALEX NORTH UNA BANDA SONORA ESPLÉNDIDA

Como de primera magnitud fue también la brillante partitura musical de Alex North, un trabajo que combina acertadamente el intimismo con la espectacularidad. El compositor norteamericano dedicó trece meses a la preparación de la banda sonora de su primera superproducción -después vendrían Cleopatra y El Tormento y el Éxtasis-, pudo ver la película completa dieciocho veces y utilizó una orquesta sinfónica de ochenta y siete instrumentos. El resultado no defraudó a nadie, sobre todo en lo que respecta al magistral tema de amor (lo escuchamos de fondo), una hermosa melodía que sirve de acompañamiento obsesivo a los primeros encuentros entre Espartaco y Varinia.

En definitiva, una obra maestra por la que no pasa el tiempo, como no sea para embellecerla y, paradójicamente, modernizarla. Su grandeza, su hermosura plástica, la densidad de la historia y la majestuoso labor de los actores la convierten en un monumento de celuloide, un filme que, pese a su larga duración, algo más de tres horas, más que verse se devora.

A la versión que todos conocemos de Espartaco, la de toda la vida, le faltaban varios minutos de escenas suprimidas en su día por la censura norteamericana. Tres décadas más tarde, y tras un largo y minucioso trabajo de búsqueda de negativos, el especialista Bob Harris -el mismo Lawrence de Arabia– devolvió a la cinta su esplendor original, permitiendo a todos los cinéfilos contemplar en su totalidad esta lujosa superproducción.

Pero a diferencia del legendario filme de David Lean, cuyo reestreno vino acompañado de una espectacular campaña de promoción, la versión íntegra de Espartaco ha pasado por las pantallas cinematográficas casi de tapadillo. De manera que el gran público tendrá que conformarse con la edición en bluray, una cuidada y exquisita copia de la obra restaurada. Que aunque reduce sensiblemente el potencial expresivo de la película, compensa en cierta medida las deficiencias de su distribución comercial.

LA FAMOSA ESCENA DE LAS OTRAS Y LOS CARACOLES

Espartaco no sólo ha recuperado los colores originales y algunos planos de batallas mutilados en su momento, junto a la obertura original y la música de descanso, sino que por fin nos ha permitido admirar una escena de la que se ha hablado multitud de ocasiones y que muy pocos podían presumir de haber visto en la pantalla. Nos estamos refiriendo a la famosa secuencia del baño de Laurence Olivier y Tony Curtis, más conocida como la escena de “las ostras y los caracoles”.

En este metafórico y sutil diálogo entre Craso y Antonino, el primero mantiene una aguda argumentación acerca de los apetitos carnales Comer una cosa o la otra es una cuestión de apetito y el apetito no tiene nada que ver con la moral…Por tanto, ningún apetito es inmoral. Mi apetito incluye ostras y caracoles, conversación que revelaba claramente la bisexualidad de Craso y que los censores norteamericanos juzgaron demasiado diáfana. La supresión de esta escena eliminó de la trama un argumento clave, destinado a definir con mayor precisión el personaje interpretado por el magnífico actor shakesperiano.

La restauración de Espartaco no fue una tarea sencilla. Bob Harris se vio obligado a trabajar partiendo de la copia en blanco y negro, dado que los colores del negativo original se encontraban muy deteriorados, utilizando como modelo la única copia original en 35 mm, propiedad de un coleccionista privado. Para colmo, los fotogramas censurados carecían de música y diálogos, un inconveniente particularmente grave en la mencionada escena de “las ostras y los caracoles”. Afortunadamente, Kirk Douglas conservaba en su casa un duplicado del guión escrito por Dalton Trumbo. Así, Tony Curtis volvió a prestar su voz al personaje de Antonino, pero Laurence Olivier no pudo hacer lo mismo, puesto que había fallecido un año antes. El problema lo solucionó Joan Plowright, la viuda del inolvidable actor, al recomendar a Anthony Hopkins como la única persona capaz de reproducir la voz de su marido.

La restauración de Espartaco ha costado un millón de dólares. Una cifra insignificante si tenemos en cuenta que estamos hablando de una de las joyas más preciadas del séptimo arte.

+QCINE, ALGO MÁS QUE UN PROGRAMA SOBRE EL SÉPTIMO ARTE

Hemos conocido brevemente, una de las joyas del cine de romanos como es sin duda Espartado, pero si quieres saber más sobre esta película que acabamos de comentar en el reportaje, puedes escuchar el podcast del programa +QCine, donde además escucharás la banda sonora y fragmentos de la misma y por supuesto profundizaremos mucho más en esta obra maestra.

También en este programa hablaremos de libros de cine de mano de la editorial, Diábolo Ediciones y para terminar tendrás una interesante sección que llamamos, Adivina a que película pertenece la melodía, donde en esta ocasión el Co-presentador del programa, Javier Pérez-vico y por supuesto los oyentes, escucharán una melodía y tendrán que ponerle título de película. Después de descubrirla hablaremos de el filme en cuestión y del compositor.

¿ Cómo escuchar en directo o descárgate el programa +QCine ?. Muy sencillo. El programa se emite en Radio Nova todos los jueves y en concreto el 19 de marzo, emitimos este especial compositoras. El programa está realizado por Javier Pérez-vico y Raül Bocache que se emite en directo de 20 a 21 horas. Puedes escucharlo Online en +QCine de Radio Nova(escucha aquí online). Y También podrás descargar los audios en Ivoox, Itunnes y Spotify. Para sugerencias:masquecine@radinova.cat